En el mundo hay cerca de 170 firmas, pero tres grandes concentran el mercado: Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch
Standard & Poor’s rebajó la semana pasada de AAA a AA+ la calificación de la deuda de Francia y Austria. También bajó la nota a otros siete países, entre ellos, Italia, España y Portugal.
Esta semana, en cambio, la agencia Moody’s sostuvo la triple A al país galo.
Así mismo, se dice que las agencias de calificación son grandes responsables de la crisis económica mundial y que no deben definir la política económica de los países.
En fin, el aluvión de noticias y críticas sobre estas empresas no cesa, por lo que es prudente preguntar ¿qué se cuece en este universo que parece tan lejano para algunos?
Lo primero que hay que saber es qué hacen y para qué funcionan las agencias de calificación.
Estas empresas privadas se encargan, por pedido de un cliente, de recoger y evaluar datos para dar una nota a la deuda de una empresa o un país y así orientar a los inversores sobre el riesgo en el que incurren al comprar sus bonos de deuda.
A medida que la calificación sea más alta (la mayor es AAA) crece la seguridad de que el dinero invertido será devuelto con el rendimiento ofrecido, mientras que, si es más baja, aumentan las posibilidades de que la compañía o país analizado caiga en insolvencia.
Las calificaciones, como lo explica Samuel Immanuel Brugger, profesor de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, son una manera de simplificar un complicado sistema.
“Hoy en día la contabilidad se ha vuelto tan compleja que la mayoría de la gente no puede entenderla. Los títulos de deuda y de capital, así como sus derivados, necesitan de un criterio sencillo de entender para que uno, como inversionista, pueda tomar una decisión.
Las agencias usan a sus expertos para simplificar una información muy enredada”, asegura.
Cada agencia utiliza su metodología para otorgar estas calificaciones. Aunque son muy celosas en revelar cómo lo hacen, varias de ellas ofrecen pistas sobre su negocio.
Moody’s, por ejemplo, señala en su página de Internet que “analiza todos los factores de riesgo relevantes y puntos de vista para llegar a una opinión de calificación. Son varios los principios de análisis que guían el proceso”.
Fitch, por su parte, explica que sus calificaciones son “opiniones” y que también tienen “un sustento en las variables” que consideran determinantes para cada análisis.
JUEZ Y PARTE
Las críticas contra las agencias nunca faltan, son variadas y vienen de diversos flancos. Hay quienes apuntan a que dentro de las agencias existe un claro conflicto de intereses, ya que son los mismos clientes quienes les pagan para recibir la calificación de su deuda.
Para Rafael María González, presidente de la calificadora de valores BRC Investor Services, uno de los principales retos que tienen los reguladores de las agencias es “encontrar un modelo de negocio en el que se elimine el viejo conflicto de que, el calificado, es quien paga a la calificadora por los servicios”.
Las suspicacias en este tema se han incrementado por diversos episodios. El caso de la empresa estadounidense de energía Enron no fue el primero, pero sí muy significativo.
Cuatro días antes de que la firma se declarara en quiebra, las principales agencias de calificación mantenían sus notas en niveles normales.
Algo similar sucedió con las sobresalientes valoraciones que tenían de empresas como Bear Stearns, Lehman Brothers y AIG antes de su quiebra, o con el visto bueno que daban a paquetes de inversión que contenía hipotecas basura y que desataron la crisis de las subprime hace ya casi cuatro años.
Según el profesor Brugger, si las agencias “han cometido errores, es difícil de comprobar que haya habido dolo, ya que ellas dicen basarse en cifras oficiales y en una metodología interna para obtener una calificación”.
Lo claro es que la credibilidad de estas firmas ha quedado en entredicho ante estos descalabros inminentes que no supieron prever.
TRES FIRMAS DE EE. UU. CONCENTRAN EL MERCADO
Otra de las críticas principales que se les hace a estas firmas es su alto nivel de concentración.
En el mundo hay cerca de 170 agencias de calificación, pero casi el 90 por ciento del mercado está en manos de tres pesos pesados: Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch Ratings, todas de EE. UU.
Para Brugger es “conveniente tener muchas más agencias calificadoras”, ya que tanto los clientes que quieren ser evaluados como los inversionistas que buscan dónde colocar su dinero deben tener “una paleta más amplia” de opciones.
El profesor agrega que el modelo en que se basan las tres grandes agencias es anglosajón, “lo que no está mal para una empresa o un país del ámbito anglosajon, pero deja fuera muchos criterios locales del resto del mundo”.
González, por su parte, tiene una visión distinta.
“Si bien las tres agencias calificadoras globalmente reconocidas tienen su casa matriz en Estados Unidos, ellas son hoy en día organizaciones internacionales con presencia global, a través de sucursales, en muchas partes del mundo, con personal con amplia experiencia en las diferentes regiones”, afirma.
El presidente de BRC Investor Services piensa que el aumento en el número de agencias debe ser visto desde otra perspectiva que “tiene que ver con la credibilidad de las calificadoras, la cual se construye a través de los años”. Y añade que “a pesar de las críticas, no se ha encontrado un esquema que las reemplace”.